Ave negra
Entre tormentas que desataban
los enojos ennegrecidos
en mil parajes de lunas llenas
donde habitaba él desconocido.
Emergentes de noches espesas
estremecidas en horrores siniestros
entre pupilas dilatadas
en paisajes llenos de alaridos.
De las zarpas traidoras
desatadas por invasiones
en cuevas sangrientas
encarcelada por su enemigo.
Buscando flaquezas en su presa,
descargaban nubes negras
burlonas en flores marchitas,
mieles amargas, sin destinos.
Esclava de jirones de martirios
detrás de moradas internas,
mil veces deseó el ocaso
antes que el desdén en el vacío.
En miedos cruelmente marcados
se agazapaba la paloma
en espera de los destellos
de la luz aclaradora del camino.
Silenciosos los pájaros
del mal agüero cabalgantes
entre calles tenebrosas
cruzadas de garras negras.
En ellas, debatía sus alas
surcadas de lagunas,
en ríos bañados en sangre
de mil batallas de guerras.
Sospechas de movimientos sesgados
que cubrían sus despertares,
miradas furtivas intuyendo
intenciones encubiertas.
Espantada de aquél, que en su día
quiso entender que fuera
sustancia de vida eterna
por confusiones maltrechas.
Candidez ingratamente correspondida
enemigo de su más tierna dulzura
tragaluz de mil cristales rotos
deshaciéndose tras su huída.
En sabanas de linos quebrantados
mil veces deseó arroparse
en los brazos de la muerte
antes de compartir tanta ira.
Autora: Purificación Ríos Torres.
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