Enamorados del out-rock alemán -de Popol Vuh a Manuel Göttsching- y del folk psicodélico, Israel Marco (guitarra y voz) y Daniel Domínguez (batería y percusión) forman el Cuchillo, uno de los secretos mejor guardados de la escena del indie nacional; bueno, cada vez más destapados, porque son ese grupo del que todo el mundo con voz y voto vienen hablando casi a escondidas desde que se comenzaron a prodigar en directo con tan buen hacer.
Con base de operaciones en Barcelona, el circuito de la Ciudad Condal los ha visto crecer como referente ineludible en los directos más celebrados de su emergente escena. En ellos construyen sus canciones enlazando loops de guitarra y armonías de voz, con percusiones y ritmos que dan forma a un resultado minimal e intenso. Una única demo autoeditada les ha bastado para telonear y colaborar con formaciones como Black Rebel Motorcycle Club, Carla Bozulich, Damon & Naomi, Magic Mirror y para actuar en numerosos festivales y salas, además de haber girado por Estados Unidos introduciéndose en la escena de la nueva psicodelia de Los Angeles con grupos como Brian Jonestown Massacre, Spindrift, The Moon Upstairs y Magic Mirror.
Con paso lento y firme y con sus planteamientos y horizontes más que definidos, su propuesta toma forma definitiva en este magistral debut discográfico. Grabado con Paco Loco en Cádiz, ellos aseguran que es una radiografía de todo su mundo musical y que durante su grabación las canciones tomaron nuevas riendas y anclajes sin perder su afinada esencia. Todas sus canciones embelesan por igual, ya sea cantadas en castellano o en inglés, derivándose hacia el folk progresivo o hacia un rock triste con derivaciones marcadamente melódicas: atención a sus juegos con las voces. Especias africanas, alientos sadcore, aromas hippies y baterías dobladas inundan unas canciones dosificadas según una mesura perfecta que confirma la experimentación y el aperturismo estilístico con el que ellos mismos se definen: “una banda de rock en los niveles más abiertos del estilo”. Cuchillo están destinados a ser el verdadero relevo nacional a ese folk psicodélico tan de moda en el nuevo siglo. Siempre bajo el prisma de su marcada personalidad, lisérgico e hipnótico, estos valedores nacionales atraerán a los amantes de The Velvet Underground y Syd Barrett, pero también a los de Grizzly Bear y Matt Elliott.
|