Cuando hablamos de PuntoMuerto, podría decirse que en la variedad está el gusto, y no andaríamos muy desencaminados. Los orígenes de ésta formación madrileña se remontan a finales del pasado milenio, al unirse Álvaro Luengo (guitarra solista) y Roberto Rodríguez (armónica y voz). Sería complejo describir el colorido de los solos de uno por un lado, y los matices cromáticos que únicamente tienen las buenas armónicas de blues, unido al auténtico volcán de voz del otro, ambos mamados del jazz, buen rock&roll, y a su vez, por cosanguineidad, del nuevo flamenco. No tardó demasiado en unirse Quino (Juan Carlos Luengo, batería y percusiones) a la banda, convirtiéndose en el miembro con más experiencia de la formación, con la contundencia y solidez de los grupos que navegan por más allá de las fronteras del heavy rock. Era evidente que el sonido M-30 necesitaba algo más, apareciendo en ese momento Jose Orduña (guitarra acústica) en escena, quien es capaz de extraer los sonidos más dulces, melódicos y a la vez contundentes que sólo dan la madera y el acero. El último en incorporarse fue River (Juan Carlos Berjano, bajo), un verdadero “spiderman” de las cuatro cuerdas, aportando un incomparable y rotundo sabor caribeño traído de los mares más remotos de Moratalaz. Si juntamos todo lo anteriormente descrito en una coctelera de buen rollo, seriedad, y ganas de romper moldes, obtendremos el sonido M-30. Una verdadera mezcla explosiva obligada para quien no se canse de explorar la música de los universos alternativos.
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