Comparativa entre discográficas y portales digitales.
Pocos pensarían que la llegada del CD iba a suponer el fin de la era del soporte rígido y, con ello un giro de noventa grados en las redes comerciales que un día conocimos. En tan solo unas décadas, a la industria del disco le ha ocurrido lo mismo que a todo ser viviente: nace, crece, se reproduce y muere, con la diferencia de que la “glaciación” a la que nos conduce la tecnología acabará extinguiéndolas casi por completo.
Desde la salida del disco de vinilo primitivo, nació la hasta entonces milagrosa posibilidad de registrar el sonido, para disfrutarlo individualmente desde tu propia casa. Aquello supuso el mayor cambio jamás registrado (valga la r.) ya que hasta entonces, la única posibilidad de escuchar música era, ya se imaginan, asistir a algún tipo de acto en donde ésta se interpretase en directo. Quizá este maravilloso invento para la humanidad no fuera tan bueno para el músico, como podemos pensar, si tenemos en cuenta que las actuaciones de la mayoría de artistas de la época se tuvieron que ver reducidas casi al mínimo. Un gran cambio, sin duda cuyo verdadero mercado de explotación estaba aún por nacer.
Y nació, siendo tremendamente selectivos con ”sus productos y artistas” (unos pocos que vendían millones de copias, sinónimo de buen negocio) cerrando las puertas del mercado a las pequeñas producciones y con ello, “pena de calle para el músico hambriento” Pero las tecnologías (el “saber humano”) parecen querer castigar ahora el mal uso (exclusivamente comercial- hasta la música se llama así: “comercial”) con la llegada de las redes P2P y los Portales de Distribución Digital. En un mundo en el que cualquier persona con un ordenador puede acceder a estas redes gratuitas de distribución de productos (cine, documentales, música, software, etc.) no cabe ya apelar a la “buena conducta” para evitar este comportamiento que tiende a ser masivo y generalizado.
En “Música en Internet: Estrategias a Seguir”, los expertos analizan el tanto por cien real de personas que adquieren un tema musical en los medios comerciales (pagando su precio) frente a las que lo consiguen por medio de las redes P2P (gratis). El porcentaje no es necesario ni siquiera comentarlo. Pero volvamos a la historia, tratando de buscar sluciones.
Con los diferentes soportes que han ido llegando después (cassette, vídeo, cd ) se habría una veda: la copia ilegal. Cualquiera desde su casa y con un reproductor estándar podía realizar una copia del producto, legal, si se utiliza para fines privados y no existe ánimo de lucro.
Con el Cd parecía “acabarse el invento” de las “cintas pirata”. Los primeros años de vida del CD y su inviolabilidad (más la calidad de reproducción) hicieron que las cassettes y los vinilos pasaran a mejor vida.
Pero llegaría el día en que los “ceros y unos” también se pudieron copiar. La digitalización de las obras acústicas desde un ordenador personal era ya un hecho y comenzaron a verse las primeras copias ilegales de CD en las calles: los Top’s Manta.
Antes de la llegada del Mp3, del que hablaremos a continuación, la piratería del disco se basaba únicamente en las redes ilegales de venta ambulante. Después, al flexibilizarse el formato con el famoso sistema de reducción (de 40 Mb pasaban a tener tan sólo 3 Mb, sin apenas perder calidad en la reproducción) la “libre distribución entre usuarios” –redes P2P- se han convertido en el principal método de adquisición de música, hoy en día
La digitalización no sólo ha hecho que se tambalee la industria de la música, sino que peligre en gran manera la seguridad de los músicos, que ven disminuidos sus ingresos por derechos de autor. Esto sí debería de plantearse de una manera más seria, puesto que no sólo los sistemas comerciales de las multinacionacionales del disco pierden ventas: ¡también las pierde el autor!
Pero no todo iba a ser negativo. Este nuevo impulso tecnológico hace más fácil el camino a los músicos en sus tareas de creación y grabación. Poder descomponer la música en ceros y unos (algo impensable en los años que comenzamos algunos de nosotros) ha hecho que hoy, cualquier persona pueda realizar una grabación de Alta Fidelidad a más de 44000 Hz. Y no sólo eso: transformar el formato con una reducción “milagrosa” permitiendo que la canción en cuestión pueda dar la vuelta al mundo en segundos. Un avance tecnológico, que se extrapola a la imagen con nuevas herramientas informáticas y sus milagrosas posibilidades. (programas como “Premiere”) y que va a multiplicar en gran medida el surgimiento de nuevos talentos en Internet, como ya sucede con la música. Eso es lo bueno de todo esto: a mayor utilización de mejores herramientas, más y mejores trabajos de calidad. Todo esto es positivo, pero “tenemos que comer” y queremos hacerlo haciendo lo que nos gusta: componer. Y no es algo fácil, para la mayoría de nosotros. Desde el brillante trabajo “Música en Internet: estrategias a seguir” de los autores mencionados arriba (al final del artículo encontrarán un vínculo hasta el mismo; recomiendo a todos su lectura) se estudia, como antes citaba y de una manera objetiva, las posibilidades reales que existen entre que una persona adquiera una canción pagando un determinado precio o la baje gratuitamente de las redes P2P (Emule, Kaza, etc.) La proporción –que no la comenté antes- es de 1/6. Probablemente hoy sea necesario contar con este dato a la hora de planificar cualquier estrategia comercial que queramos emprender en un Estudio de Grabación.
“La dinámica competitiva de la industria discográfica en Internet va a estar determinada probablemente en el futuro por la idiosincrasia de la música como producto digital” se destaca en el artículo. Dicho de otra manera, en el caso de los portales digitales, la única posibilidad de competir contra las P2P es presentar un producto verdaderamente estrella: que presente accesos fáciles a los catálogos, búsquedas personalizadas, comunidades virtuales de contacto entre usuarios, catálogos novedosos que incluyan temas difíciles de encontrar en otros medios…
A la hora de elegir hoy un soporte para la publicación de nuestra música, según pienso yo, hoy hay que pensarlo seriamente. Pero, claro, ¿a cuantas puertas más debemos llamar? ¿Y los pequeños estudios? Si recordamos la historia, de sobra sabemos que las grandes productoras no apuestan por “todos y cada uno”, con lo que la aparición de pequeños sellos que permitían la autofinanciación del artista permitió que el “catálogo general”, es decir, la posibilidad real de escuchar más producto en el mercado, aumentara. Aunque ¡a que precios! Todos conocemos historias de compañeros que han tenido que financiar su CD con muchos sueños y poco dinero -normalmente conseguido por otro medio- asumiendo una serie de riesgos como la no comercialización o que ésta se produzca vía “amigos”. Al final nos gastamos todo el presupuesto en la primera semana y ni siquiera quedábamos satisfechos con el máster final. Después, más dinero para las copias… Le suena ¿verdad?
LA VENTA EN LOS PORTALES DIGITALES. Por tanto, la posibilidad de que en el 2.007 contemos con “paneles permanentes de exposición de nuestra música” ya supera cualquier expectativa que pueda tener el CD como soporte, puesto que, como sabemos, el producto descatalogado se retira de los mostradores. Con los portales digitales no sucede esto y considero que es un dato muy a tener en cuenta a la hora de tomar la decisión de cómo vamos a distribuir nuestro trabajo. ¿Merece la pena luchar por el escaso 3 por cien de margen propio que tienen los artistas con gran promoción? Probablemente si nos aseguraran que “no perderíamos dinero”, valdría la pena, pero hoy en día, a mi modesto entender, como no se tenga una gran cantidad de ventas aseguradas, el proyecto no es interesante para ninguna de las partes. ¡Y aun con estos datos, los principiantes queremos grabar! El ego, sin duda…
A colación de lo anterior, en el artículo -del que estoy haciendo referencia- también encontramos señalado un párrafo, que viene a resumir todos los análisis que los expertos han realizado y presentado en los puntos anteriores, que dice: “Cuanto mayor sea el número de referencias en un catálogo electrónico, mayor será la probabilidad de que un potencial comprador encuentre el producto que busca” Una buena noticia, sin duda, para nosotros los compositores, arreglistas y músicos de estudio, ya que nos invita a “crear” y publicar, directamente. ¡Ya sabéis!
No podemos obviar que nos encontramos ante un cambio tecnológico importante que van a suponer (de hecho ya sucede) un cambio en la distribución de la música, con la aparición de los nuevos agentes digitales, portales y P2P, con un resultado probablemente positivo para los consumidores –por lo de “almacenar, distribuir y utilizar su música preferida” y, como se señala en el propio estudio: “… positivo para la creación musical del repertorio de artistas noveles sin acceso al limitado canal de distribución oligopólico que existía en la industria…” terminan diciendo los autores.
No cabe duda de las ventajas que para los usuarios aportan canales de distribución como I-tunes, La Central Digital, SoundClick.Com, etc. en donde todos los requisitos anteriormente mencionados se cumplen y en donde podemos contar con diferentes espacios (sonoros, de imagen, vídeo, texto…) para confeccionar y expresar nuestro perfil y preocupaciones.
Creo sin dudar que la llegada de este tipo de portales (en España tenemos a Portalatino.com, de Sdae, por ejemplo, con una presentación, imagen y contenidos muy cuidados) va a beneficiar en gran medida a aquellos músicos que apostaron por la creación y se dieron de bruces -tantas veces- con las puertas de las discográficas. En verdad ya no hay que pensar que “no supimos demostrar a los productores con dinero lo bueno que hubiera sido invertir en nuestro proyecto” Podemos hacerlo por nuestra cuenta… Ya sabes “Si crees, crea; que si quieres, puedes”.
Legran.
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