Unas palabras de PITOPAN
Introducción
Hablo por todos cuando os cuento nuestra vida y nuestros sentimientos.
Hablo por todos cuando os digo que solo estamos haciendo lo que realmente nos dictan nuestros corazones. Componer, tocar y cantar es para nosotros la felicidad plena, es como si de repente viajáramos a otro lugar, a otro espacio, a un paraíso del que no queremos salir.
La lucha diaria, la casualidad y la humildad con la que alimentamos nuestra esperanza, han hecho posible que hoy os escriba estas líneas. La lucha, porque sin ella nos hubiésemos quedado por el camino sin llegar a completar un sueño, un sueño que es el de todos, y que nos permite acercarnos al público. La casualidad de haber conocido a la gente oportuna en el momento oportuno, y haber conectado con ellos para dibujar, con notas musicales, un disco del que estamos orgullosos; y la humildad es gratuita e innata, si uno no conoce sus limitaciones no conoce sus necesidades, y sin ellas no se puede aprender nada más. Nosotros conocemos las nuestras y seguimos aprendiendo, aprendiendo para vosotros.
Un músico es algo más que una persona que hace música, un músico es un esclavo, un preso, un personaje incompleto en un cuadro, si no puede crearla, sentirla e interpretarla de la manera en que su alma le pide. No hay músicos buenos o músicos malos, solo hay reclusos con distintos años de cárcel, pero creedme si os digo que al tipo que toca su guitarra en la calle de una ciudad, solo le ha faltado la casualidad y la suerte, pero posee la medalla a la lucha diaria y se la coloca con toda la humildad de este planeta esperando que alguien le agradezca esas notas en forma de monedas. ¿Es mejor que él, alguien que sale a diario por la tele o suena cada día por la radio? ¡No lo es! Simplemente son presos con las mismas ilusiones, pero con diferentes oportunidades. ¿O quizás nos equivocamos al tildar a algunos como músicos?
Y no pretendo comerle el coco a nadie, simplemente quiero compartir con todo aquel que lea estas líneas, una parte de mí y de mis pensamientos más íntimos.
Hay gente que cree, que hay sentimientos íntimos, y todos sabéis de lo que estoy hablando, que no se deben compartir, y lo creen porque no son conocedores de sus limitaciones o incluso les da vergüenza mostrarse tal y como son. ¡Nosotros no tenemos vergüenza! Ya nos lo decían nuestras madres. Solo jugamos con la hipocresía justa, que la sociedad nos impone para poder sobrevivir.
Recuerdo que algunas personas de mi entorno, me pidieron en cierta ocasión, que les explicase el sentido de algunas canciones de nuestro primer disco, porque no acababan de extraer el mensaje final, o su interpretación era otra diferente. Y eso me hizo pensar que para entender lo que quiere expresar realmente un músico a través de sus canciones, quizás hay que conocer un poco su vida, en su faceta más sencilla y común, de ahí estas palabras para hacer algunas aclaraciones sobre nosotros.
Nuestra historia y nuestras canciones
Daniel Ibaseta, “Dani”, es la base donde se sustenta todo nuestro trabajo, es el carisma latino que nos bombea los ritmos, como el corazón hace con la sangre y permite la vida. Cantante nato, aunque el no lo sepa, y que me ayuda muchísimo con sus coros a la hora de interpretar las canciones. Si necesitáis montar un falso techo, llamarlo, es un profesional del pladur. Y aunque no tiene grandes pretensiones, si que desarrolla una ambición que le permite decir, “Sigo soñando” (Tema 8).
Un grupo musical, como un matrimonio, tiene sus momentos difíciles, y si es complejo arreglar un conflicto entre dos, imaginar lo que puede ser entre cinco y que no pueden disimularlo en la “cama”. Pues bien, os cuento esto para que conozcáis un poco la realidad interna y confesaros que nuestro matrimonio va bien. Se hace mucho mas fácil trabajar, cuando encuentras las personas adecuadas y juntos crean la armonía necesaria para encerrarse en un local o subir a un directo y hacer que el público se lo pase en grande.
Jose Antonio Ruiz, “Joso” para los amigos o para el que quiera llamarlo así, es el pintor de las notas bajas de este grupo. Jefe de una empresa textil y de una modesta empresa discográfica, este personaje de la casualidad, “hace de las cosas mas difíciles, algo natural”, (“Depredador” Tema 4), es un amigo, y es el principal responsable de que hayamos podido grabar dos discos en dos años. Cuando lo conocí me dijo que había que trabajar muy duro en este mercado para poder empezar a intentarlo, y muy posiblemente sin resultados positivos. Siempre he pensado que está un poco “tarado”, pero su sana locura y su espíritu emprendedor lo hacen especial. Y como todo el mundo, tiene su talón de Aquiles, mi querido amigo Guillem Llorella. “Guille”, el guitarra solista del grupo, es de las pocas personas que puede sacarlo de quicio. En realidad, “Guille” puede sacar de sus casillas a cualquiera. Es él, el que puede parecer impasible ante un brillante punteo, o ante una dulce melodía, cuando la realidad es que su disfrute nace en su interior, bajo su oscura gorra de béisbol y su burbuja de cristal. ¡Tirarle algo en los conciertos a ver si podemos rompérsela! Me refiero a la burbuja. Yo lo llevo intentando 16 años y todavía no lo he conseguido. Y no os preocupéis, no se enfada con facilidad, de hecho, ¡no se cabrea nunca el jodío! Es de los que piensan que “Ojos que no ven, corazón que no siente, ya ves” (“Ojos que no ven” Tema 6).
El nombre de Pitopan no tiene ningún sentido, pero si tiene una explicación. Era jueves por la tarde y teníamos que tocar en el “Motor Rock Café” de Badalona la semana siguiente. Aquel día teníamos que salir en cartel como “Malas Cartas”, nombre con el que quisimos iniciar este proyecto, pero la casualidad quiso que otra banda con este nombre tocara ese mismo día en ese mismo lugar. ¡Manda huevos!, con la de nombres que hay. El encargado de la sala le dijo a Joso que teníamos que cambiar el nombre y decirle otro en ese mismo momento para imprimir los carteles. Pitopan es la palabra mágica que se le ocurrió decirle a este buen hombre. Bien, que le vamos a hacer, a fin de cuentas era el primer concierto en directo de esta formación y teníamos tiempo de cambiarlo.
¡Pues no!, no tuvimos tiempo.
En invierno del 2003 viajamos a Galicia porque nos llamaron para participar en el “Festival Internacional de nuevas bandas”. Estábamos como niños en día de Reyes porque era nuestro primer viaje fuera de Cataluña y porque conoceríamos a grupos de toda España, incluido algunos muy conocidos como “Reincidentes” o “Rosendo” El resumen de esta historia está en que viajamos, reímos, nos acercamos un poco más a nosotros mismos y para rematarlo, ¡ganamos el Festival! Os puedo explicar poco mas, porque las emociones tan fuertes son difíciles de escribir para alguien como yo, que no soy escritor. Os diré que una emocionante lágrima de Pitopan quedó en Santiago de Compostela aquella noche y vosotros ponéis el resto. Lo que si era evidente, es que después de aquello no pudimos cambiarle el nombre al grupo.
De momento todos realizamos dos trabajos, el que nos sustenta y el que nos permite soñar y nos regala las ilusiones. Trabajamos de día, y tocamos y grabamos de noche, y aunque el cansancio nos hace ir bastante descontrolados, el esfuerzo nos vale la pena.
Haber ganado un festival internacional te cambia un poco la forma de proseguir dado que teníamos un compromiso en Caracas (Venezuela) el verano siguiente, representando a España como lo hizo “Bunbury” el año anterior, si no hubiese sido porque justo ese año a alguien le apeteció jugar un poquito a la guerra, y ¡se jodió el invento! ¿Cómo es posible que algo tan ajeno al arte, como es la lucha, pueda cambiar el rumbo de una ilusión?
Hasta hace un par de años Joso se encargó de hacer un poco de “Road”, y nos conseguía conciertos por la zona a un precio razonable, ¡Gratis! Y digo que es un precio razonable porque actualmente tocar en directo en alguna sala con un poco de prestigio, o simplemente con un sonido aceptable, ¡Te cuesta la pasta!
En el concierto de “Manu tenorio” conocimos a otro personaje de la casualidad que fue durante dos años el guitarrista de Pitopan. Es místico y misterioso, sosegado y temperamental a la vez, no necesita nada a cambio porque es altruista por naturaleza.
Juan Alors, “El Doctor” para nosotros, y para todos sus pacientes, no se corta un pelo y por eso lo lleva largo, para que el tiempo no lo pueda atrapar. “Sin tiempo” (Tema 5). ¡Si cree en la causa, irá! Gracias Juan!
Luego apareció “Hilario” y la carretera, los restaurantes, las emisoras de radio, y los “lamborginis” (bebida refrescante con un ligero toque de Coca-Cola), se hicieron algo mas frecuente en nosotros. Hilario también nos cuesta la pasta pero es la ostia de divertido, y sus conocimientos musicales son tan extensos que puede estar contando anécdotas durante todo el viaje. Es como un ángel que tiene que convencer a la gente que Pitopan es un grupo ¡de la ostia! Tarea difícil la suya, pero como nos tiene cariño, nos saca de paseo y nos presenta gente fantástica del mundo musical.
Raimundo Amador, Rosendo, La Vargas Blues Band, Reincidentes, Lax’n Busto, Carlos Segarra, Zalamera, Simples, Iracunda, Les Maudits water’s… son algunos de los artistas que hemos ido conociendo a lo largo de este maravilloso recorrido, un recorrido que esperamos sea el inicio de algo grande y tenga una continuidad para nosotros, siempre contando con la imprescindible ayuda de los que habéis podido, o querido leer “nuestra historia”.
Estamos seguros que con este segundo disco hemos encontrado la estabilidad como banda y como amigos, y si el destino no quiere dejarnos salir adelante en el difícil y estropeado mundo de la música, siempre estaremos orgullosos de haber luchado por lo que siempre quisimos hacer.
Y yo, “Yo soy así” (Tema 14).
Y como ya os dijimos en una ocasión,
“Gracias a todos aquellos que han depositado su confianza en nosotros, y que nos
permiten día a día, ir construyendo el camino de nuestros sueños”
Pitopan
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