ASI ERAS, Y ASI HAS QUEDADO EN MI MEMORIA
Hace tan sólo unas pocas semanas me resultaba muy difícil imaginar mi vida sin ti, y hoy, cuando ya se cumplen sesenta y cuatro días desde la última vez en que pude disfrutarte entre mis brazos, la verdad es que apenas puedo recordar ya como me sentía al caminar a tu lado.
Sé que los escenarios por los que transita mi actual vida no han cambiado en exceso, pero la luz que hoy los ilumina se ha tornado débil y mortecina, ya no resulta tan extremadamente cegadora como antes lo era. Quizá la primavera sigue siendo tan evidente como aquél último día en el que nos vimos, pero ante mis ojos ya no resulta tan maravillosamente efervescente, como cuando podía admirarla a través de esa ventana abierta, que tus ojos siempre fueron para mi.
Una lacónica y bromista brisa, se mece fugazmente entre las mesas de esta terraza en la que intento despejar las nubes de mi momentáneo agobio; pero ni el refrescado aire, ni la multitud de mujeres ya ligeras de ropa que pasean por la acera, ni tan siquiera mi tan manido Ballantine’s con Coca-Cola y mucho hielo, consiguen apartar mi pensamiento por un minuto de todo aquello que una vez significaste en mi vida.
Eras el sol que cada mañana venía a energizarme, tras el errático sonido de ese maldito despertador. Eras la razón por la cual cada minuto del día, se hacía efímero en mi camino hacia ti. Eras la luna que cada noche acompañaba mis sueños, llenándolos de luces brillantes y mágicas. Eras el motivo más hermoso para vivir. Eras la auténtica razón de mi existencia; aunque hoy, también siento que el fuego se va apagando como una vela que llega a su fin, lenta pero inexorablemente...
Tu sensual aroma a perfume exacto y feminidad desbordante, va desapareciendo poco a poco de mi olfato, y se va confundiendo con otros muchos olores, ni tan exactos, ni tan femeninos. El sedoso tacto de tu piel, quedó casi olvidado hace meses entre mis torpes dedos. El cetrino brillo de tus ojos se apagó ya en mi recuerdo, cediendo su sitio al más cruel descubierto, de la obscuridad más profunda y brillante. Tu manera de amar, o sea lo que fuere lo que hicieras conmigo, ha quedado tan lejos como los días de una infancia que ya jamás volverá. Tu voz, tu risa, tu pelo, tus senos, tus muslos. La química, la complicidad, la comprensión, la escucha, la amistad. Todo ha quedado reducido a una breve fotografía, que desde su marco de madera vieja clavado en la pared, desafía a la gravedad y también amenaza con dejarse caer.
Mi sol, mi luna; y el tránsito más maravilloso desde el uno a la otra, como si el reloj se viese forzado a detener su implacable marcha, al verte aparecer en el umbral de mi vida.
Sí, eso eras... Un sueño hecho realidad.
El camino por el cual, por fin, poder caminar relajado. El amanecer azul y plata de todos mis días, el atardecer anaranjado y oro de todos mis besos, el anochecer algodonoso de todos mis sueños. La paz que llega hasta el alma, cuando el alma se serena. La pasión, el fuego, el deseo. Mi estímulo, mi freno, mi rabia, mi anhelo...
Quizá ese sea realmente todo el problema. Eras tanto, y yo estaba tan profundamente dormido, que quizá tan sólo hayas sido un sueño. Un fugitivo, mágico, y cautivador sueño; pero del que por desgracia, ya me he despertado...
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